lunes, 9 de noviembre de 2015

LAS GAITAS Y LA LEYENDA URBANA DEL TIRULIRU

LAS GAITAS Y LA LEYENDA URBANA DEL TIRULIRU

Oviedo huele y suena a gaitas “grilleras” los domingos de mañana en la zona del Fontan. Esa herencia social impuesta por el ex alcalde Gabino de Lorenzo, se perpetúa y hace liturgia cada mañana de domingo. 
La ciudad es otra, bulle de alegría estos días previos al San Martín y primer adobu, cuando los colmados y chigres huelen a mondongo y romero y parroches por estas calles transitadas de turistas y aldeanos ociosos. 
Fermín al tambor mientras el gaitero templa el punteru. Estas mañanitas de domingo previas al San Martín, en la ciudad de Oviedo se refleja el sentir popular donde se repite ese mantra conocido de: "Xente de Uvieu, tambor y gaita" Un axioma.
Es momento de conocer lo que aquí y allí acontece y hacia ese lugar dirijo mis pasos.
Los “cangueses” que ya tiene clan y clá vienen y van con su aire de “refugiados” a ofrecer tapas y licores e su tierra en la mañana local. Allí oficia entre otros personajes como aquellos míticos Chata de Pumarín, Cigaña y Garrafundia, el Coque y otros muchos, un  nuevo valor de la cantera local que añadir a esa trouppé quien se hace llamar: el “tiruliru:  Le veo acodado en la barra del bar cuyo propietario es uno de esos “cangueses ”trasplantado a la ciudad. El último reducto de refugiados provenientes de la comarca minera de la que fuera otrora conocida por la “milla de oro” asturiana.
Desgrana sus recuerdos de barman el “tiruliru” haciendo sonar por toda receta el “tiruliru” este joven jubileta, mientras las gaitas gabinianas alegran la jornada desgranando sus notas inmisericordes a la clientela de la hora del vermú .
Fermín el de Les Caldes lleva casi medio siglo aporreando el tambor de un lugar a otro de la ciudad y con varios grupo no puede faltar cada mañana de domingo en el Fontan y sus aledaños. Y resuena en el aire "...a mi me gusta la gaita, viva la gaita viva el gaiteru..."Y venga sidra y venga folixa.

A veces se les van de mano porque el chiflar del punteru y el sonar del roncón despierta a los niños que se acurrucan pata iniciar la siesta en una silla de bebes. Pero sus sonidos se hacen sentir más allá del entorno. El “clan de los cangueses” domina la ciudad. Han instalado sus tiendas para que el ovetense de siempre pueda consumir en el “brato” “brato” esas tapas y rapas y pescados a un precio mas que razonable. En realidad, se han hechos los “putos amos” -con perdón- de la ciudad.
Calle bajo, ciudad arriba, vienen en tropa formada los gaiteros y tamborileros y un canijo es quien golpea el bombo y el tambor camino de la otra  “milla de oro”. Los “cangueses” buenos conquistadores ya conocen el terreno de cuando años atrás surtieron de productos lácteos el mundo conocido y antes aun, transportando ilusión, personas y mercancías hasta el penúltimo confín del mundo conocido.
Los hosteleros locales y sus clientes, son quienes mejor conocen el buen ambiente asturiano que se desarrolla los domingos a la hora del vermú. En esta ocasión trocados por la sidra que corre del tonel a la calle.
Hoy estos nuevos societarios hosteleros surten de bocatas low cost a los menestrales y empleados de oficinas próximas. Oviedo ciudad siempre receptora los recibe con los brazos abiertos. Siempre fuimos “grandones” y ellos, serviles.
Pero el “tiruliru” personaje singular de la leyenda urbana, no pierde el compás mientras  corteja una camarera de origen rumano que le da calabazas con otro menestral. Ella aspira a algo más. Y los “cangueses” también.
A todo el material que ofrecen  en la barra y el comedor le ponen trasfondo de su tierra como aquella guitarra del mesón que evocara el gran Machado que “sonaba jotas hora y mañana peteneras, según quien llega y tañe”.  En serio: Da un poco de vergüenza aldeana y es por eso que intento pasar desapercibido, oculto en una esquina del local. Allí donde se”refugian” otros asturianos que no de la pobreza y el olvido.
En esta mañana de radiante domingo otoñal ya vienen, cuesta abajo, calle arriba, los gaiteros ataviados con sus refajos y quepis cornicortos que asemejan personajes  de otra galaxia, templando sus gaitas desafinadas que afinan con el roncón. Entre ellos  este tamborilero con el que compartí instrucción militar en El  Ferral del Bernesga allá en  los tardo sesenta.

 
Las bandas de gaitas y tambor ovetenses, el baile, son apoyados por la municipalidad. Los turistas que acuden a este entorno urbano disfrutan de los sones populares con estos músicos ovetenses-asturianos-
Se llama y nombra Fermín García, no más: vaya usted a saber si responde por eso nombre. El canijo lleva colgado el tambor a sus espaldas y le espera el gaitero quien templa el bordón. Suena una nota y otra y Fermín sigue el compás, un dos tres unos dos tres, para deleite de los parroquianos domingueros.
“yo a usted le conocí en aquel campamento del Ferral de los sesenta. Usted tocaba la gaita y desfilamos en el día de la Jura de Bandera por el Costerón a los sones de canciones tradicionales de Asturias”. Acertado anda quien golpea el tambor cuando me lió mi amigo Pedro Bastarrica quien cumplía el servicio allá para fundar el primer grupo miliar de gaitas del país. Hoy se siguen esas huellas que yo inicie en otros cuarteles de los regimientos españoles.
 Menudo lujo saborear los platos cangueses mientras se oye la gaita y el tambor y corre la sidra calle abajo por estos lugares tan ovetenses como la Calle del Carpio y la Plaza del Sol.
Pero Fermín García no pierde el paso, el son, ni la memoria. El ya lleva 30 años en este noble arte del tambor. Dice la copla: “Xente de Uvieu tambor y gaita” y Fermín sigue al pie de la letra la tradición hecha consigna. Entonan un son y el papá de un bebé se disgusta porque se ha despertado la criatura. Fermín pide disculpas, un receso al gaiteru .El que nacido en Les Caldes ya conoce estas monsergas desde cuando siendo niño los gaiteros despertaban la alborada de las fiestas de su pueblo.
Hoy siguiendo el consejo de los nuevos gobernantes locales quienes: “se portan muy bien con los grupos de gaitas” sigue aporreando el tambor en varios grupos que reclaman su presencia.
Les hago un track de su jornada con cuatro sones. Fermín me lo agradece, mientras el “tiruliru” ensombrece la última hora de la mañana en la barra del bar desde donde dirige miradas picarescas a la “prima donna” rumana. 
Ellas-las camareras- que no son precisamente canguesas vierten la sidra en el vasu para escanciar para los clientes el néctar asturiano, mientras fuera del local suena la gaita y percute el tambor.
Los “cangueses” sin perdonar una, sirven aperitivos ligt  de pollo y cecina y los vecinos de Oviedo que viven intensamente la hora del vermú se lo agradecen. Ellos, “los cangueses” siempre llevarán en su “faltriquera” la alcancía de una ciudad agradecida y leal que aun duerme la larga siesta de su Regenta-

Pedro Bastarrica el primero por la derecha junto con Tino Casal cuando compartía Archiduqes y campamento en el Ferral, más o menos.
Atrás quedan aquellos años del reemplazo del 69/69 cuando hacíamos la maleta de cartón camino del Ferral, un lugar donde Fermín aprendió a tocar ese “tiruliru” que evoca el menestral. Continúa el trajín mañanero cargado de sidra y que evoca nostalgia a los sones de gaitas y tambores que siente cada uno de su terruño particular. Mientras Los “cangueses” siguen dándole al rabil de la caja registradora. Acogidos en una ciudad que les reconoce porque en el fondo ellos son serviciales. “Ye lo que hay” reza su eslogan.

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